Cuando Iván me preguntó si quería colaborar en su blog no me lo pensé dos veces, además de participar de su apasionada vehemencia por todo aquello que le emociona, me daba la oportunidad de hablar de las personas, que es de lo que se trata.
El otro día le escuché a Rahaf Harfoush, Directora de campaña on-line de Barack Obama decir que no hay tecnología eficiente si no hay una estrategia generada por el pensamiento y la voluntad de las personas. Decía estrategia que no táctica, puesto que los resultados esperables de un movimiento táctico son puramente circunstanciales y no a largo plazo. Ella estaba otorgando a las personas toda la capacidad creativa y de organización necesarias para llevar a cabo una empresa tan gigantesca como la que ella emprendió junto a su equipo.
Las personas somos fascinantes en lo bueno y en lo malo, todos somos capaces de actuar de mil y una formas y todas ellas, sirven a algún propósito beneficioso para el que elige determinada conducta. Me costó entender este concepto tan simple porque la educación y la manera en que aprendemos a emplear nuestras emociones están determinadas en un grado elevado, por las personas con las que hemos convivido o simplemente, conocido a lo largo de nuestra vida: Aprendemos lo culturalmente aceptado, éticamente y políticamente correcto…incluso, conocemos personas que, por alguna razón, y sin ni siquiera saberlo han influido mucho en nuestras vidas, a veces más que aquellas que formaban parte de las mismas de forma cotidiana.
Esto nos brinda una gran oportunidad para aprender porque, la fuente de información es incesante, ya que siempre estamos rodeados de personas.
Este último año ha sido muy intenso para mí, he conocido muchas personas diferentes, pertenecientes a entornos muy diversos y sin embargo, a todas ellas les preocupan casi las mismas cosas: ser felices, gozar de su felicidad familiar, social y por supuesto, laboral. Cada vez más, se hace más difícil compaginar todas esas facetas y, a veces, cuando se pide auxilio por no poder seguir, se suelen recibir respuestas recurrentes como “tienes que cuidarte”, “dedícate más tiempo libre”, “disfruta de la vida”, “vive el presente”. Todas ellas ya son frases hechas, vacías de contenido real, hasta que uno se detiene a pensar en cómo se hace eso. Estas frases pueden tomarse de dos formas muy distintas. En primer lugar, se puede deducir que haciendo esto, uno vivirá en presente, de forma espontánea, muy emocional y feliz, aunque aparentemente sin objetivos ni rumbo.
Para mí, hay una diferencia entre este estilo de vida y vivir en el presente de verdad. Creo que vivir en el presente significa pensar primero en cómo queremos vivir nuestra vida y en los objetivos que nos marcamos y, recorrer el camino con intensidad, emoción, libertad, placer, miedo, enfado, frustración, eso es para mí, vivir en el presente. Lo otro es vivir esclavo del presente, para el presente. Y esta confusión en la transmisión de un mensaje tan positivo para la persona como es el del camino por vivir, ha hecho que muchas personas vivan su vida bajo tópicos, dirigidos por la idea de que todo ha de ser ligero: “película ligera”, “novela ligera”, “charla ligera”, es decir, nada.
Esta forma de vida para el presente nos aleja de las posibilidades de crecimiento que albergamos, nos aparta del enorme potencial del que gozamos para ser felices en la acción, nos aleja del aprendizaje individual y colectivo, en definitiva, nos distancia del emprendizaje vital.
Propongo, en primer lugar, ahondar en nuestros sueños y, desde luego, recuperar el contacto real con otras personas, establecer vínculos auténticos, relaciones en las que se produce una escucha recíproca auténtica, se pregunta de forma honesta para ser contestado también de forma veraz, propongo relaciones afectivas y laborales enriquecedoras, dignificadoras y respetuosas con las idiosincrasias ajenas.
Si las relaciones humanas fueran un producto, éstas que propongo valdrían tanto como una botella de agua en el desierto.